26 de noviembre de 2006

Organización Mundial de Comercio

Aún cuando pudiésemos o no estar de acuerdo con el proceso de internacionalización, liberalización económica, modernización u occidentalización de las economías del mundo, y con la imposición del comercio como único regidor del mundo post-guerra fría, era necesaria la creación de un organismo de carácter supranacional que velara por el cumplimiento de las normas económicas y de intercambio justo entre las naciones del mundo, sin intervención de ningún grupo específico, sino que estimulara la participación democrática de todas las naciones a fin de incentivar y dar confianza al intercambio de bienes y servicios a escala global.

La OMC está compuesta por 149 países[1] y es, a grandes rasgos, un lugar al que acuden los gobiernos miembros para tratar de arreglar los problemas comerciales que tienen entre sí, basados en los Acuerdos adoptados desde el GATT -o Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio- y el Programa de Desarrollo de 2001.

Cuando pensamos en la globalización como proceso económico ligado a la caída de fronteras y la apertura del comercio hacia una infinidad de compradores en el mundo entero, y recordamos que Chile está iniciando negociaciones con Australia para sellar su TLC número 47- lo que significaría un acceso preferente a casi el 90% del PIB mundial[2]- parece conveniente dejar en manos de un organismo multinacional la tarea de salvaguardar las transacciones internacionales.

Es lógico pensar que tras esta manía chilena de firmar tratados económicos hay necesariamente fundamentos sólidos que permitan vaticinar una mejora en la situación general del país y que permitirá -a mediano o largo plazo- lograr un nivel de desarrollo sostenido, disminuyendo el problema específico de la desigualdad social. De lo contrario, tal parece que los únicos beneficiarios directos serían algunos sectores económicos y políticos[3].

Alicia Otey, Secretaria de Estudios de la Academia Diplomática Andrés Bello y ex Subdirectora de la Dirección de Coordinación Regional (DICORE) dependiente del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, afirma que si bien “la economía de un país es una red compleja de relaciones entre grupos sociales frente al uso de recursos que son escasos (…) y su desarrollo no es tan sólo un proceso de expansión de las fuerzas productivas de acumulación de capital y de cambio tecnológico, sino que es también un proceso de constitución de nuevos actores sociales, que se convierten en sujetos activos y participantes (…)” , es preciso puntualizar que para el gobierno es clara la relación entre desarrollo económico y beneficios sociales.

La analista de la Cancillería afirma que “ el desarrollo económico es un proceso que aunque permite un mejoramiento de las condiciones generales de la vida de la población, acarrea también tensiones, conflictos y frustraciones (…); por tanto, deben enfrentar no sólo los problemas técnicos que derivan del objetivos de incrementar los recursos económicos y su productividad, sino también los problemas relacionados con la naturaleza social y política del desarrollo” y es enfática al agregar que “el Estado no puede marginar a los actores sociales del triángulo, si verdaderamente confía en las bondades del cambio productivo y sociopolítico que está viviendo el país (…)”.

Frente a la pregunta esencial ¿cómo espera el gobierno que la firma de tratados de librecomercio mejore la calidad de vida de los chilenos?, Otey precisa que “los actuales acuerdos comerciales de Chile con el mundo internacional, constituyen un reconocimiento a la calidad de las políticas e instituciones chilenas y colabora en la generación de un nuevo escenario internacional propicio para dinamizar el crecimiento de la economía nacional. A partir de él, se generan posibilidades para el desarrollo de las distintas regiones del país, en base a la ampliación de sus sectores productivos al aprovechar las distintas oportunidades que el ámbito comercial ofrece (…); la clave es la capacidad de gestión del gobierno, las regiones y las grandes industrias y las pymes”.

La experta da en el clavo y corresponde exactamente a lo que plantea la Organización Mundial de Comercio con respecto a los fundamentos para reproducir el modelo económico en los países. En palabras simples, “el comercio impulsa el crecimiento económico y el crecimiento económico significa más empleos (…), por tanto, el comercio promueve el aumento de los ingresos”[4]. Esta es la lógica de los TLC.
"El comercio impulsa el crecimiento económico y el crecimiento económico significa más empleos (…), por tanto, el comercio promueve el aumento de los ingresos"
La OMC propone una alternativa intermedia, dependiendo de las características del país y sus factores de incidencia; sin embargo, los detractores de las políticas comerciales multinacionales critican con tenacidad el hecho de que más allá de la relación entre comercio y empleo, existe una situación de fondo entre empleo e igualdad.

“El comercio también plantea desafíos puesto que enfrenta a los productores nacionales con la competencia de las importaciones. Pero al generarse ingresos adicionales, los gobiernos pueden disponer de recursos para redistribuir los beneficios obtenidos por aquellos que ganan más, con objeto, por ejemplo, de ayudar a las empresas y a los trabajadores a adaptarse aumentando su productividad y competitividad en su esfera de actividad u orientándose a nuevas actividades”[5] ; la verdad es que en el fenómeno del empleo, la apertura del comercio genera más competencia y, por ende, menos trabajo; pero la solución tampoco es el proteccionismo.

Entendamos proteccionismo - perfecto antagonista del librecambismo- como política comercial que busca la imposición de aranceles o barreras a la importación a fin de estimular la producción y el consumo de productos nacionales, en especial los relacionados con los alimentos representando la incapacidad de competir frente a los mercados mundiales; este último punto es precisamente lo que traba la continuidad de la Ronda de Doha, la mayor póliza de seguros colectiva contra el proteccionismo.

Para Pascal Lamy, Director General de la Organización Mundial de Comercio, el hecho de que la Ronda de Doha para el desarrollo haya estancado sus negociaciones (desde el 24 de julio de este año) es sinónimo de la incapacidad de los gobiernos de recordar las nefastas consecuencias que esta protección a lo nacional ha significado para las economías locales en el pasado: “Basta recordar la ley que en 1930 llevó a los Estados Unidos a cuadruplicar sus aranceles. (…) Los resultados fueron devastadores: el desempleo se elevó en el país del 9% en 1930 al 25% en 1933. Las exportaciones registraron una caída del 60% y las importaciones se redujeron en dos tercios. El impacto se sintió en todo el mundo. El uso agresivo de sanciones dio lugar al nacionalismo económico, que fue uno de los factores que condujeron a la Segunda Guerra Mundial”[6].
Ahora bien, para evitar este tipo de inconvenientes, la OMC junto al Banco Mundial han apoyado la puesta en marcha de la Ronda de Doha para el desarrollo, con base en su ferviente creencia de que el comercio parece seguir siendo un cabo suelto al abordar temas de empleo, oportunidades y emergencia de la pobreza, “a menos que las personas de África y otros países pobres tengan acceso a mercados donde puedan vender sus productos, no podrán escapar de la pobreza ni dar a sus hijos un futuro mejor” dijo Paul Wolfowitz, presidente del Banco Mundial.

Sin embargo, el problema que han significado las negociaciones para lograr acuerdo en la agricultura, suponen para muchos un estancamiento definitivo en esta iniciativa. No es posible aplicar bajas arancelarias y promover el intercambio de productos, cuando en una materia que significa sólo el 8% -y sólo 5% del empleo en países industrializados[7]- del comercio mundial se intenta proteger de la competencia que generan los mercados internacionales. Esta situación, sin duda, pone inconvenientes a las materias industriales, servicios, mejoras laborales y comerciales de manera general.

La clave es no dejar que estas disputas maten las buenas intenciones comerciales de los organismos en su lucha contra la pobreza y la distribución de los ingresos entre los habitantes del mundo. Lamy metaforiza la situación de este modo: “Somos como un grupo de corredores de maratón fatigados que han recorrido 41 kilómetros y les queda el último. (…)¿Por qué abandonar la carrera? Si no actuamos ahora, lamentaremos haber perdido esta oportunidad” [8]

A pesar de todo, el Banco Mundial, independiente de las discusiones multilaterales espera que “todos los países pueden lograr beneficios al reformar sus propios sistemas comerciales para promover la eficiencia económica y el crecimiento y disminuir al mismo tiempo la mala utilización de los presupuestos. El Banco continuará abogando por una reforma de las políticas perjudiciales de los países desarrollados y trabajando a nivel de país para promover reformas comerciales y la competitividad en los países en desarrollo”[9].

Según el último informe elaborado por el Banco Mundial sobre la realidad social, la pobreza y la distribución de recursos en el mundo, el desarrollo se sustenta en dos pilares fundamentales. En primer lugar, mejorando el clima en pro de la inversión hacia los países más pobres como, por ejemplo, la apertura del comercio, evaluación del entorno empresarial, ayuda financiera e apoyo a la infraestructura; y el segundo pilar es la potenciación de las personas basado en ayuda a los migrantes, mayores oportunidades educativas, lucha contra enfermedades, igualdad de género, protección social, fomento del desarrollo social, entre otras medidas.

[1] Hasta el 11 de diciembre de 2005.
[2] Diario La Tercera 11 de noviembre, 2006 Sección Negocios pag.66
[3] Ver entrevista del Capítulo IV a Alexis Guardia
[4] http://www.wto.org/spanish/thewto_s/whatis_s/10ben_s/10b07_s.htm
[5] http://www.wto.org/spanish/thewto_s/whatis_s/10ben_s/10b06_s.htm
[6] Pascal Lamy, Diario La Tercera, 13 de noviembre 2006. Sección Negocios.
[7] Pascal Lamy, Diario La Tercera, 13 de noviembre 2006. Sección Negocios.
[8] Pascal Lamy, Diario La Tercera, 13 de noviembre 2006. Sección Negocios.

[9] http://web.worldbank.org/WBSITE/EXTERNAL/BANCOMUNDIAL/
NEWSSPANISH/0,,contentMDK:20550319~menuPK:1074643~pagePK:
64257043~piPK:437376~theSitePK:1074568,00.html

1 comentario:

Antonio García dijo...

Hola:

Te encontré buscando sobre la Organización Mundial de Comercio.

Muy interesante la exposición.

saludos.