26 de noviembre de 2006

El Foro Económico Mundial

Según la teoría de la dependencia- muy utilizada en Latinoamérica tras la debacle de los años 30- el comercio internacional no era un modo de optimizar el nivel de vida de los países y sus habitantes, sino que, por el contrario, se asumía como una forma de usufructo[1] que las naciones industrializadas y sus empresas multinacionales consumaban sobre los pueblos en vías de desarrollo. Una idea de imperialismo económico mediado por la globalización y las nuevas tecnologías, asume una forma de poder desde el centro hacia la periferia; pero con desarrollo desigual y mala distribución de recursos entre la población mundial.


Incluso, hacia los 60, se llegó a postular que el Primer Mundo no podía existir sin el Tercer Mundo, ya que son dos caras de la misma moneda; una le da poder a la otra y es imposible que todos seamos poderosos. En la era de la Globalización Económica, sólo hay un dios: el dinero; y el resto, sólo somos súbditos. Los ricos gobiernan, los pobres bajan la cabeza.

Hablemos rápidamente sobre dos grupos de poderosos: el Foro Económico Internacional y el G-8, las élites mundiales.

En 1971, el profesor de Administración en la Universidad de Ginebra, Klaus Schwam, fundó el Foro Europeo, a fin de aunar experiencias y discutir sobre las prácticas económico-administrativas en el marco de las gestiones empresariales en Europa. La finalidad era conversar y debatir teóricamente las posturas sobre el camino ideal a seguir en materias como administración de recursos y comercio internacional. Claramente, no visualizó el gran alcance, notoriedad e influencia que este selecto grupo tendría en la toma de decisiones globales en las postrimerías del siglo XX y comienzo del XXI.

"Inocentemente, mediante el entendimiento y la conversación, pretenden solucionar los problemas de nuestro mundo"


El Foro Europeo es hoy mundialmente conocido como Foro Económico Mundial (FEM, según sus siglas en español) y reúne cada año, en la hermosa localidad suiza de Davos, a cerca de mil ejecutivos de las más grandes compañías del mundo entre las que se encuentran Audi, The Boeing Company, British Petroleum, Cisco Systems, Coca Cola, Compaq, DHL, Ernst and Young, IBM, Merril Lynch, Microsoft Company, Reuters, Price Water House Coopers, Vivendi Universal y Volkswagen.


La finalidad última es lograr que sus miembros se comprometan a seguir las iniciativas y proyectos que promuevan el entendimiento y desarrollo global, basados en fundamentos establecidos por un comité general que programará los objetivos a corto, mediano y largo plazo; además de un comité fiscalizador y administrador de propuestas, que agrupa a académicos, empresarios, organismos internacionales, entre otros componentes de este grupo multidisciplinario. Incluso, anualmente, confeccionan estadísticas y estudios en base a los índices económicos de las naciones del mundo y un ranking llamado “Reporte de Competitividad Global”.

Inocentemente, mediante el entendimiento y la conversación, pretenden solucionar los problemas de nuestro mundo. Lo cierto es que esa es la mayor crítica a realizar. Mucho diálogo y poca acción. Sin embargo, frente a la globalización económica y la distribución del ingreso, el profesor Schwam es critico, advirtiendo al mundo que la globalización beneficia sólo a unos pocos; se pregunta “¿qué es lo mejor para los pobres del mundo? ¿La Globalización o Deglobalización?

"Eso es mala distribución a nivel global"


El segundo grupo influyente, con poder, aunque sin decisiones de peso contra la pobreza, aún cuando posean el poder para llevar a cabo potentes reformas, es el G8 o Grupo de las ocho naciones más industrializadas del mundo compuesto por Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Rusia y Japón.

Lo cierto es que es un foro más. Se reúnen a hablar sobre la evolución de la economía, la política y la sociedad mundial; acuerdan lineamientos sobre como actuar en cada materia; toman acuerdos democráticos sobre la pobreza, el hambre, el SIDA, el calentamiento global, la adhesión a los tratados internacionales y el rumbo de la globalización. Pero, por lo general, no van más allá de las intenciones bonachonas de los ricos por ayudar a los pobres. Nada de condenación de deudas ni de bajas de intereses. Es, en definitiva, “un gobierno mundial a la sombra, dominado por los presidentes de unos estados que representan al 60% de las riquezas mundiales y a poco más del 10% de la población mundial”[2]. Eso es mala distribución a nivel global.


[1] En jerga popular, un robo.
[2] http://es.oneworld.net/article/archive/5702/

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