Tanto para el FMI como para el Banco Mundial, la desigualdad es una causa estructural de la pobreza y debe ser eliminada mediante la implementación de políticas públicas ligadas tanto a la acción estatal como internacional, especialmente en lo referido a los planos económicos y sociales, fomentando la igualdad de oportunidades partiendo desde la educación.
Según el Informe sobre Desarrollo Humano 2006[1] emitido por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, el 20% de la población más pobre del mundo, corresponde a aquellos que viven con menos de un dólar diario –alrededor de $570 pesos chilenos al día- captando el 15% del ingreso del mundo; mientras que el 40% más pobre, que vive con 2 dólares – algo así como $1200 pesos chilenos- capta sólo el 5% del ingreso mundial. Peor aún, “las 500 personas más ricas del mundo tienen ingresos de más de 100 billones de dólares (…) que exceden el total de los ingresos de 416 millones de personas pobres”[2].
“Las 500 personas más ricas del mundo tienen ingresos de más de 100 billones de dólares (…) que exceden el total de los ingresos de 416 millones de personas pobres”
Para explicar este fenómeno el PNUD ha enfatizado que la globalización ha sido uno de los puntos más importantes a debatir, ya que es necesario definir los lineamientos sobre la distribución del ingreso ligado a estas políticas mundiales. La igualdad de ingresos y oportunidades significa a mediano plazo una disminución de la pobreza. Por tanto, el problema mundial ligado a la pobreza y la horrorosa desigualdad está –no tan sólo en los ingresos- sino al mal acceso a la educación y las oportunidades. Por ejemplo, el 20% más rico de la población total de Bolivia podría bien aceptarse dentro de los rangos más altos de desarrollo humano al nivel de países desarrollados como Polonia; sin embargo, el 20% más pobre entre los bolivianos es comparable a los rangos de pobreza en Pakistán. Asimismo, el 20% de la población de Estados Unidos es tan rica como la población de Finlandia, pero el 20% más pobre sólo alcanzaría al nivel 50 a nivel mundial del ranking de pobreza.
"La igualdad de ingresos y oportunidades significa a mediano plazo una disminución de la pobreza"
Aplicando una serie de técnicas, antecedentes y metodologías desarrolladas por el Banco Mundial y el economista Francois Bourguignon, se ha llegado a la conclusión de que los ingresos de las personas no dependen sólo de las oportunidades. De hecho, si se equiparan hipotéticamente estas, la baja en el índice de Gini es sólo de un 17%. ¿Entonces cuál es el camino que debe adoptar Chile para solucionar el problema del ingreso?
El caso chileno es decidor. El Fondo Monetario Internacional no deja de elogiar las políticas económicas implementadas durante los últimos años en relación a las políticas macroeconómicas, situación fiscal y reservas.
Markus Rodlauer, asesor principal del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, afirmó a la agencia periodística Orbe que “Chile es un ejemplo para América Latina, tenemos confianza en que el marco económico de este país, es un ejemplo para enfrentar eventuales shocks externos que podrían venir”[3]; además, dijo que ha sabido aprovechar adecuadamente el boom de precios de las materias básicas, a la vez que también está preparado para eventuales caídas de valores de estos productos básicos, situación que probablemente se producirá en 2007 y constituye un factor de riesgo para las economías de la región.
"Chile es un ejemplo para América Latina, tenemos confianza en que el marco económico de este país, es un ejemplo para enfrentar eventuales shocks externos que podrían venir”
Según el especialista es necesario que la región aumente la inversión extranjera para así hacer frente a los futuros embates de la economía mundial siguiendo pautas de mayor reducción de la deuda pública; focalizar y contener el gasto público; flexibilizar el presupuesto; ampliar la base tributaria del ingreso; mejorar la credibilidad en las instituciones monetarias y la reforma del sistema financiero; y la expansión del crédito.
Finalmente, sobre la mala distribución del ingreso en Chile, el Fondo Monetario Internacional, enfatizó que la reducción de esta desigualdad “promovería el crecimiento y la estabilidad macroeconómica (…) Para ello debe contar con herramientas como reforma tributaria, reasignación del gasto público, flexibilización del presupuesto y reforma de los servicios públicos, del mercado laboral y los créditos”[4].
Lo cierto es que el nivel de pobreza en la región latinoamericana declinó entre 2003 y 2005, de 44 por ciento a 40 por ciento, el número de personas que habitan en situación de pobreza extrema disminuyó también de 19 puntos porcentuales a 17 por cierto. Sin embargo, las malas prácticas y políticas insuficientes no logran sacar adelante a la población media. Aún debemos avanzar en las bases del desarrollo humano: educación y salud. Y esto, incluye a nuestro país.
El FMI estima -según su reciente informe sobre las perspectivas económicas para Latinoamérica y el Caribe lanzado el 2 de noviembre de este año- que la tasa de crecimiento confirma que éste es “el período trienal de expansión más importante desde la década de 1970”[5] para la región como consecuencia del mayor crecimiento de Brasil, México y la mayoría de los países de América Central y el Caribe. Las cifras rondarán los 4,75 en 2006 y del 4,25 en 2007, situación que significa gran optimismo con miras al desarrollo de nuestra región.
Incluso, este organismo multinacional ha alabado la labor realizada por las distintas instituciones de asistencia social centrado en las poblaciones de América Latina en una constante lucha contra la pobreza en la región como el Chile Solidario, Oportunidades (México), Bolsa Familia de Brasil, además de Jefes y Jefas de Hogar de Argentina.
En un contexto de gran crecimiento mundial –en especial de las economías asiáticas e incluso, de algunas naciones sudamericanas-, nuestro país ha tenido un crecimiento comparativamente mediocre. Durante el período de 15 años concluido en 2005, el crecimiento económico chileno registró una media de 5,5 por ciento anual; el ingreso per cápita se triplicó y se redujo a la mitad el nivel de pobreza, alcanzando 18%. De la misma forma, el país redujo su deuda externa bruta de 45.800 millones de dólares en 2004 a 39.000 millones de dólares en 2005, mientras que las expectativas inflacionarias se conservan moderadas, en un rango de 2 a 4 por ciento al año.
Pero, a pesar de las grandes apuestas chilenas por el libremercado, la globalización y la democracia; el bajo riesgo país, incentivos a la inversión extranjera y el rol subsidiario del Estado; y la apertura de los mercados mediante una liberación integral del comercio y del mercado financiero, pareciera no ser suficiente para alcanzar el anhelado desarrollo. Aún así, según el informe de Naciones Unidas sobre desarrollo humano, seguimos firmes en el lugar 38 entre 177 países. ¿Es el panorama tan pesimista para el futuro? O en otras palabras ¿estamos estancados económicamente?
Vittorio Corbo, presidente del Banco Central de Chile, estima que el fenómeno de la desaceleración de la economía chilena que presentó el Ipom (Informe de Política Monetaria) se explica “por la menor producción minera que representa dos décimas de crecimiento menos de la economía como un todo, por el problema de Codelco y la huelga en Escondida (…) el racionamiento de gas natural que fue más pronunciado de lo que se pensaba y el alto precio del petróleo por encima de lo proyectado. En economía uno no puede explicar completamente los factores detrás del crecimiento de corto plazo. Esta no es una ciencia exacta” [6]. Sin embargo, y más allá de la desconfianza monetaria que se respira en Chile, Corbo nos recuerda que desde 1980 hasta nuestros días Chile ha crecido 30% más de lo que han crecido las economías industrializadas, acortando la brecha.
Sobre el futuro de la economía, el Fondo Monetario Internacional, ha detectado un riesgo latente con respecto al mercado de la vivienda en Estados Unidos, que podría traducirse en un crecimiento de la economía norteamericana de sólo un 0,5% anual.[7]
Sin embargo, según estimaciones del Alfonso Prat Gay, ex presidente del Banco Central de Argentina, “hacia fines del 2007 Estados Unidos, hasta hoy el motor del crecimiento mundial, enfrentaría un severo ajuste económico, contraviniendo el escenario mucho más optimista que presentó el FMI”[8]; según el economista trasandino “estamos viviendo el preludio a este frenazo, si se observa lo que ocurre en el mercado inmobiliario donde hubo una burbuja que ahora estalló generando costos directos e indirectos”. Esta situación podría redundar en una caída del 15% en el sector inmobiliario; restarle 1,5 puntos al PIB anual del país del norte dentro de un plazo máximo de un año y medio. “Si esto ocurre, la economía norteamericana no crecerá a más de 0,5% o 1% anual (…) En algunos pocos años Estados Unidos va a deber en términos netos casi todo su producto interno bruto al exterior”, afirma Prat Gay.
Para el FMI, la situación inmobiliaria de Estados Unidos no representa un riesgo elevado, sino sólo una probabilidad ya que depende de una serie de factores anexos y fuerzas que podrían confirmar que la economía va a seguir dinámica. Es más, el Fondo Monetario le da una probabilidad de algo menos de 20% al escenario pesimista que hemos analizado, lo que se traduciría en un crecimiento similar al que hubo en la década de los noventa (entre 3% y 3,5%, en el peor de los casos).
[1] “Human Developement Report 2006” PNUD, página 269.
[2] “Human Developement Report 2006” PNUD, página 269.
[3] http://www.chile.com/tpl/articulo/detalle/ver.tpl?cod_articulo=82965
[4] http://www.chile.com/tpl/articulo/detalle/ver.tpl?cod_articulo=82965
[5] http://actualidad.terra.es/nacional/articulo/fmi_revisa_alza_crecimiento_regional_1184016.htm
[6] Entrevista concedida al diario La Tercera con fecha 24 de septiembre de 2006. Pág.48 Sección Negocios
[7] Entrevista concedida al diario La Terecera con fecha 28 de septiembre de 2006. Pág. 31 Sección Negocios
[8] Entrevista concedida al diario La Terecera con fecha 28 de septiembre de 2006. Pág. 31 Sección Negocios
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