Una seguidilla insoportable de crisis económicas ligadas a la imposibilidad de generar empleos y el derrumbamiento de las bolsas, dieron lugar a la búsqueda de un nuevo sistema que garantice la solución y el reestablecimiento de la bonanza característica de la segunda década de los novecientos, pero a una –para entonces, utópica- escala mundial. El sistema de Bretton Woods se basa en las ideas políticas de Keynes en cuanto al manejo económico desde un plano global y dará paso a la creación de dos instituciones primordiales en el globalizado siglo XXI: El Fondo Monetario Internacional y su organización hermana para el desarrollo, el Banco Mundial.
El economista británico, Keynes, había estudiado a fondo el problema; en 1936 plasmó sus conclusiones en el “un intrincado, mal organizado y -en partes- incomprensible tomo”[1] llamado The General Theory of Employment, Interest and Money”. Según esta visión, el desempleo era causado por una demanda agregada insuficiente, o sea, propone otro equilibrio distinto al de oferta y demanda: un equilibrio entre ingresos y gastos, entre la renta y la demanda agregada. Para ponerlo en práctica, era perentoria la intervención estatal en la vida económica, con el propósito de lograr el pleno empleo, aunque generando el endeudamiento de los países.
La mise en scéne de las ideas de Keynes requerían ciertas estipulaciones básicas:
1. Creación de una Unión Internacional de Compensaciones o Banco Internacional.
2. Una moneda mundial llamada Bancor y regida por el valor oro.
3. La disposición de un Fondo para la Reconstrucción y el Desarrollo
4. Creación de una Organización Internacional de Comercio
5. Un programa ligado a las Naciones Unidas de Soft Aid
En palabras de Keynes, la idea de un Banco Internacional o Unión de Compensaciones“es sencilla: generalizar el principio esencial de la banca, como en cualquier sistema cerrado. Este principio es la necesaria igualdad entre créditos y débitos. Si ningún crédito puede excluirse del sistema de compensaciones, sino sólo transferirse dentro de él, la Unión nunca tendrá dificultades para pagar los cheques que se emitan a su nombre. Podrá pagar los adelantos que desee a cualquiera de sus miembros con la seguridad de que los beneficios sólo podrán transferirse a la cuenta de compensación de otro miembro. Su única tarea es vigilar que los miembros respeten las reglas y que los adelantos realizados a cada uno de ellos sean prudentes y aconsejables para la Unión en su conjunto”[2].
Sin embargo, el rol de los Estados Unidos, ya no aislacionista como luego de la Segunda Guerra Mundial, suponía la búsqueda de mayor protagonismo en la recuperación económica de los Aliados y vencidos –a excepción de la URSS- mediante la imposición del librecomercio. En palabras simples, si bien estaban de acuerdo con las ideas generales de Keynes, preferían su versión estadounidense: Harry Dexter White.
"El rol de los Estados Unidos, ya no aislacionista como luego de la Segunda Guerra Mundial, suponía la búsqueda de mayor protagonismo en la recuperación económica de los Aliados y vencidos –a excepción de la URSS- mediante la imposición del librecomercio"
El plan White proponía la creación de dos instituciones homólogas a las de Keynes. En primer lugar, un Banco para la Reconstrucción de las Naciones Unidas y Asociadas, que proveyera el capital necesario para la restauración; en segundo término, el Fondo Internacional de Estabilización que se ocuparía de los problemas de los países miembros que enfrentaban crisis de divisas y balanza de pagos.
Para adoptar la decisión final sobre cuál era el mejor plan a seguir, 45 países se reunieron en el marco de la “Conferencia Monetaria y Financiera de las Naciones Unidas” en la localidad de Bretton Woods, Estados Unidos. Esta reunión marca, sin lugar a dudas, el principio de la hegemonía de este país americano y su influencia en el mundo actual, desde el plano económico.
E. A. Golderweiser, delegado de la Reserva Federal de Estados Unidos, asistió al encuentro y la definió como “(un lugar donde) Todos pueden opinar, siempre que sean complacientes o no digan nada”[3]; lo cierto es que el país norteamericano pasó de ser el anfitrión del evento a controlar totalmente la reunión, imponiendo el inglés como idioma oficial, designando jefes de comisión y tomando acuerdos unilaterales[4].
"El país norteamericano pasó de ser el anfitrión del evento a controlar totalmente la reunión, imponiendo el inglés como idioma oficial, designando jefes de comisión y tomando acuerdos unilaterales"
Pero más allá de las sápidas anécdotas, el sistema de Bretton Woods logró un nuevo orden de la economía mundial y el apoyo al comercio a través de un régimen internacional monetario basado en el dólar estadounidense[5]:
1. Total convertibilidad del Dólar estadounidense en oro con una cotización de 35 US$
2. Obligación del resto de los bancos centrales al mantenimiento de las respectivas cotizaciones internas a través de intervenciones en el mercado de divisas, manteniendo los márgenes de fluctuación establecidos
3. Adjudicación de créditos del FMI por problemas transitorios de la balanza de pagos
4. Ajuste de las paridades por dificultades permanentes en la balanza de pagos
El anhelado crecimiento mundial, estabilidad económica y el intercambio comercial entre las naciones del orbe parecía no ser un lejano sueño; sino una realidad próxima a ser alcanzada mediante acuerdos multilaterales, conversaciones democráticas y, sobretodo, paz.
A este clima entusiasmo y fe en el porvenir, se sumó la fundación de tres instituciones (asentadas en el plan Keynes y White) que garantizarían el correcto funcionamiento de los planteamientos de Bretton Woods, bautizados finalmente como Fondo Monetario Internacional o FMI, Banco Mundial y el Acuerdo General de Aranceles Aduaneros y el Comercio o GATT.
Entre paréntesis, el sistema monetario internacional ha sufrido una serie de cambios desde aquel 27 de julio de 1944 hasta nuestros días; mencionemos sólo algunos[6]:
Se desplomó el comunismo y los países que lo aplicaron están tratando de integrarse a la economía global.
Cambia el poder económico relativo de los distintos países y continentes: El peso relativo de la economía norteamericana en la economía mundial decrece, no por una supuesta decadencia de Estados Unidos, sino por el increíble ascenso económico de los países del sudeste asiático: Japón, los cuatro tigres (Hong Kong, Taiwán, Corea del Sur y Singapur ) y China.
Se producen desequilibrios comerciales crecientes, relacionados con el cambio de poder económico. Una recesión grave en este país puede tener consecuencias incalculables para los países exportadores.
Se modifican constantemente los precios relativos internacionales (petróleo, metales, café, semiconductores, etc. ). Un deterioro brusco de los términos de intercambio puede convertir rápidamente un país superavitario en una deficitario.
Se crean bloques económicos regionales (Europa, América del Norte, Asia ).
"La desigualdad en el FMI parte con una desigualdad de representatividad estructural donde los países más poderosos del hemisferio norte valen más que los menos del sur"
Ahora bien, el Fondo Monetario Internacional es hoy un organismo especializado de la Organización de las Naciones Unidas, cuyo objetivo fundamental es “promover la cooperación internacional en temas monetarios internacionales y facilitar el movimiento del comercio a través de la capacidad productiva (…), la estabilidad cambiaria y regímenes de cambio ordenados a fin de evitar depreciaciones cambiarias competitivas, facilita un sistema multilateral de pagos y de transferencias para las transacciones, tratando de eliminar las restricciones que dificultan la expansión del comercio mundial. Asesora a los gobiernos en el desarrollo contable de su país al mismo tiempo que a los bancos centrales”[7]. Esto apunta principalmente a su afán fundamental de preservar un sistema económico que prolifera desigualdades caóticas entre sus miembros (Fig. 14), facilitando un imperialismo económico en pleno siglo XXI, aún cuando se autodescribe como “una organización de 184 países que trabajan para mejorar la cooperación monetaria global, la estabilidad financiera segura, facilita el intercambio comercial y los tratados, promueve el empleo y el crecimiento sustentable de las economías, y reduce la pobreza”[8].
La desigualdad en el FMI parte con una desigualdad de representatividad estructural donde los países más poderosos del hemisferio norte valen más que los menos del sur. En efecto, Estados Unidos cuenta con el 17, 1% de los votos; le siguen Japón (6,1%), Alemania (6%), Francia (5%), Gran Bretaña (5%), Italia (3,3%), Arabia Saudita (3,2%), Canadá (2,9%), China (2,9%), Rusia (2,7%), Holanda (2,4%), India (1,9%), Suiza (1,6%), España (1,4%), Venezuela (1,2%) y así sucesivamente[9]. Esto sólo nos sigue demostrando quién manda sobre quienes. Tal como ocurren en la ONU, si Estados Unidos no está de acuerdo con una política determinada, simplemente no se alcanza el quórum necesario para llevarla adelante.
[1] http://www.time.com/time/time100/scientist/profile/keynes02.html
[2] http://www.redtercermundo.org.uy/revista_del_sur/texto_completo.php?id=2588
[3] “ Bretton Woods Agreement” E. A. Goldenweiser
[4] http://www.redtercermundo.org.uy/revista_del_sur/texto_completo.php?id=2588
[5] http://www.lateinamerika-studien.at/content/wirtschaft/ipoesp/ipoesp-2088.html
[6] http://www.southlink.com.ar/vap/sistema%20bretton%20woods.htm
[7]Artículo “¿Qué es FMI?” http://www.imf.org/external/esl/index.asp
[8] http://en.wikipedia.org/wiki/Imf
[9] Artículo “¿Quo Vadis FMI?” Jürgen Schuldt. Diario La Insignia de Perú. Octubre 2006
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