7 de septiembre de 2010

Lula: El líder difícil de reemplazar

     Cuando, tras su reelección en 2003, el Presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, afirmó que “la prioridad de la política exterior brasileña será Suramérica”, el continente le creyó poco. América Latina se ha acostumbrado a ver cómo sus políticos lanzan frases rimbombantes para hacerle saber al mundo el arribo de un nuevo líder. Pero no es el caso de Lula, un mandatario que no necesita recurrir a las promesas fáciles para encantar a los brasileños y a los líderes mundiales.

     “Es el más popular del mundo”, lo halagó el Presidente norteamericano, Barack Obama, evidenciando que el Jefe de Estado brasileño es hoy una celebridad de la diplomacia internacional, debido -más allá de su esforzada historia personal ligada al mundo obrero principalmente a estar a la cabeza de un país que ha luchado por superar los embates que el desarrollo económico supone para las naciones emergentes. Y sabe que ése es su punto fuerte. Continuando con los elogios, la ex mandataria de Chile y ex presidenta pro tempore de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), Michelle Bachelet, afirmó que “a mí me asombra permanentemente Lula, (en especial) por su sabiduría. Es un gran líder; un gran Presidente; muy capaz políticamente; un muy buen compañero”.

     El Palacio Itamaraty, lugar que cobija al Ministerio de Relaciones Exteriores brasileño, es un mar de aciertos y la piedra fundamental del gobierno para mejorar la imagen de una administración marcada por denuncias de corrupción, pero aun así con una fuerte adhesión a la figura del Presidente Da Silva, gracias a la capacidad de éste para mantener la disciplina fiscal, el diálogo abierto y una justa mezcla de negocios con programas sociales. Un buen líder es quien se embebe de su pueblo y adopta sus intereses como propios, compartiendo sus gustos y miedos. Lula encarna el espíritu de los brasileños y lo lleva por el mundo.

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