25 de agosto de 2010

Integración: Ésa es la clave

      A inicios del siglo XX, los científicos del mundo pensaron erróneamente que habían alcanzado el tope del conocimiento posible. Se sintieron reyes y señores del mundo; inigualables dioses en la Tierra y que, desde su merecido podium, podrían mejorar la vida de los "mortales" sólo entregando sus veredictos. Nada más les podría sorprender jamás. Eran amos y señores... o eso sentían.

     Sin embargo, la sociedad de 1905 se sorprendió cuando el joven físico suizo, Albert Einstein, cambió la forma de entender los sistemas naturales con su teorías físicas y la relatividad. Esta revolución significó un redescubrimiento total del mundo y los hombres se golpearon contra el pavimento conscientes de su soberbio actuar y pensar.

     En 1989, inmediatamente después de la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.) tras la caída del Muro de Berlín, Francis Fukuyama publicó "¿El fin de la Historia?", un polémico ensayo publicado en la revista de estudios internacionales, National Interest. En este paper, el autor postuló que, como consecuencia del fin de la lucha ideológica y la hegemonía de la democracia liberal, era el "fin de la historia humana". Pero, la predicción no fue tal y pocos años después, brotó sangre de las entrañas del siglo XXI.

     Como consecuencia de la lucha por el poder y el dinero, el mundo volvería a sufrir los embates de la ambición humana y el deseo constante, reafirmando la idea hobbesiana del Homo Homilis Lupus, el hombre es el lobo del hombre.

     Las naciones más poderosas del orbe han alcanzado un desarrollo militar, tecnológico y científico más allá de nuestra limitada imaginación, producto de la explotación irrestricta de los recursos del planeta. El nuevo orden mundial impondrá duras pruebas a las naciones débiles; aquellas creyentes en la buena fe, la humanidad y hermandad entre países basados en la colaboración; en la diplomacia y el respeto al derecho internacional; y las que creen que las buenas intenciones harán de este, un mundo mejor.

    Sin embargo, la realidad es que estamos frente a una serie de crisis que amenazan con cambiar nuestro modo de vivir: energética, financiera, alimentaria, demográfica y de recursos naturales. Además, de serios problemas éticos y espirituales. Pero, lo cierto es que frente a este escenario, el siglo XXI requiere INTEGRACIÓN.

    ¿Qué está haciendo América Latina para enfrentar este futuro adverso? ¿Podemos abstraernos de los pequeños y dañinos enfrentamientos políticos para lograr consenso en áreas vitales para el desarrollo macro y las amenazas del futuro? ¿Podrá Unasur hacer frente a dicho panorama?

    

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