A 60 años del fin de la Gran Guerra, cerca de 50 mandatarios de todo el mundo se reunieron en Moscú
para conmemorar la caída del nazismo y la liberación de Berlín.
En Alemania, Gerhard Schroeder, admitió sentir una “profunda
vergüenza” por el holocausto judío.
Europa se estremeció al
recordar las atrocidades cometidas por el regímen Nacional Socialista alemán
liderado por Adolf Hitler, quien, en su afán expansivo, llevó a la guerra al
mundo entero y causó millones de víctimas.
Homosexuales, gitanos y judíos eran
transportados a los campos de concentración esparcidos por las naciones
europeas bajo la ocupación nazi. Apilados en trenes, muchos morían en el
trayecto por causa del hambre, frío o por asfixia. Quienes lograban sobrevivir,
eran separados de sus familias. Mujeres a un lado y hombres al otro; todos a
trabajar hasta el cansancio final. Los niños no sirven; ancianos tampoco. ¡A
las “duchas”!. Cuerpos endebles, en los huesos, pálidos salían sin vida y eran
apilados en la sala contigua o a la intemperie. Miles, millones de personas.
Muertas a causa de una ideología sin respeto por la vida.
Hace sólo 60 años,
finalizó esta tragedia. “Hoy no queda más que recordar” dijo, en Moscú, el
Presidente de Rusia, Vladimir Putin, dirigiéndose a los gobernantes que
asistieron a la celebración en la Plaza Roja.
Putin se declaró “eternamente
agradecido de quienes en forma heroica lucharon contra la Alemania nazi y
liberaron la capital alemana, Berlín”. Además, y como muestra de aprecio,
inauguró un monumento en recuerdo de las víctimas y héroes de la Segunda Guerra
Mundial en la colina sudoeste de Moscú.
Fueron 27 millones de ciudadanos
soviéticos quienes perecieron durante el conflicto al que la Unión de
Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) se unió a favor de los aliados en 1941
hasta el ingreso de las tropas del Ejercito Rojo el 8 de mayo de 1945 a la
capital alemana.
El monumento consiste en 15 columnas de bronce, de las cuales
10 están dedicadas al Ejercito Rojo, tres para la flota soviética, una para los
partidarios y otra para los trabajadores.
El rol de Estados Unidos
Al respecto, el Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica,
George W. Bush, se mostró emocionado y agradeció al mundo los múltiples
reconocimientos que ha recibido por la ayuda brindada en el conflicto. Sin
embargo, y frente a las protestas realizadas en Rusia, debido al lanzamiento de
las bombas en Japón durante el conflicto adjunto del Pacifico Sur, en el que se
le compara con las matanzas de Hitler y Stalin, Bush declaró que se trata de
“contextos totalmente diferentes”. Su homólogo ruso agregó además que no es
posible comparar a Hitler con Stalin, ya que “Stalin no fue Hitler”.
Al evento
recordatorio asistieron también, el Secretario General de Naciones Unidas, Kofi
Annan; el Presidente de Francia, Jacques Chirac y su homólogo español, José
Luis Rodríguez Zapatero.
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