26 de noviembre de 2006

Entrevista a Alexis Guardia*

Hacia fines del gobierno militar, algunos sectores oficialistas acuñaron la frase “adiós, América Latina”, refiriéndose a la situación de aislamiento que poseía Chile dentro de la región, una suerte de Suiza o Israel de Latinoamérica. A la luz de los acontecimientos, ¿considera usted que Chile sigue siendo una isla dentro del continente?
No, yo creo que Chile está girando de esa tendencia. En los gobiernos de la Concertación ha enfatizado el deseo de mejorar las relaciones con los países vecinos; prueba de ello fue el ingreso al MERCOSUR. Sin embargo, hay que decir que Chile también siguió un camino propio que lo alejó un poco de la región. En términos comerciales, no; pero en términos de proyectos de inversión, si. Chile no podía ser miembro del MERCOSUR, era imposible; sólo podía hacerlo como país asociados, que es el estatus que tiene actualmente. Si Chile ingresaba, tenía la obligación de renegar sus acuerdos precedentes y hacerse cargo de un arancel de 13 %, cuando nuestro país tenía uno de 6%. Había problemas muy serios. Chile continuó trabajando en pos de abrir su economía; es así como firma los TLC con Estados Unidos, Unión Europea, Corea y ahora con China que ya está terminado, faltando sólo la ratificación del Congreso. Nuestro país ha seguido un camino comercial- económico de integración al mundo o política de regionalismo abierto. Durante el período Lagos se percibió que Chile estaba en aras de integración al mundo sin darles importancia a los países de la región. Siento que algo de eso hubo, pero claramente se produjo un giro positivo a finales del gobierno de Lagos.

Eso es en el plano económico, pero ¿qué pasa en términos políticos?
Con la Presidenta Bachelet hay claramente un giro de acercarse a la región. Además, nosotros tenemos un problema energético gravísimo, o sea, si no miramos la región va a ser de un costo enorme. Chile ha estado siempre, en los organismos internacionales, más cerca de Brasil. Entonces, frente a la pregunta estamos aislados, yo no lo veo así, lo que pasa es que Chile quiere fortalecer una alianza Argentina- Brasil – Chile.

Entonces, ¿sí se quiere formar un “grupo alternativo” en América del Sur?
Si, le diría que si. Hay una intención de crear lazos hacia esa dirección porque hay más coincidencia.

¿Qué pasa entonces con las intenciones de unión bolivariana de Chávez y Morales?
Yo diría que estamos más lejos de esas realidades. Pero las entendemos como gobierno y a título personal. Entiendo que Bolivia haya nacionalizado sus hidrocarburos y que Chávez tenga una política exterior con Estados Unidos como la que tiene; están en su derecho. Pero sus concepciones, no la compartimos.

¿Diría usted que Chile se interesó en relacionarse con Bolivia sólo a raíz de la algidez del tema limítrofe?
Algo de eso hay, pero no es determinante, porque las demandas marítimas de Bolivia llevan décadas. No tenemos relaciones diplomáticas con Bolivia hace unos veinte años como consecuencia de sus demandas de mar. Entonces, ese problema siempre está ahí. Está latente. El ex Presidente, Ricardo Lagos, abrió un poco la puerta diciendo que la agenda de discusión con Bolivia es sin exclusiones; se hablarán todos los problemas, incluida la salida al mar. Gestos chilenos hay. Pinochet hizo la proposición de Charaña que era la salida de Bolivia por el norte de Chile y, según dice el tratado de 1929, Perú debía dar su parecer y no lo aceptó. De todos modos, el gobierno debe hacer consideración de las demandas de Bolivia, no sólo comerciales, sino políticas y fronteras. Bolivia podría ser para nosotros la gran solución a los problemas energéticos. Chile no tiene petróleo ni gas y en nuestras fronteras tenemos hidroeléctricas, pero no tenemos ni la tecnología ni la inversión necesaria para explotar de otro modo la energía que poseemos. Estamos obligados a importar petróleo para alimentar las centrales termoeléctricas. Nuestro abastecedor es Argentina, con todos lo problemas que eso conlleva y el cumplimiento a medias de los contratos. Si Chile quiere crecer más, no al 5% o 6%, sino que al 8%, es un desafío energético de enorme magnitud.

¿Esto no significa que el crecimiento de Chile este determinado, de ahora en adelante, por los países vecinos?
No, tanto como eso no. Chile puede diversificar la matriz energética, podríamos desarrollar mucho más las hidroeléctricas por nuestras montañas, como en Aisén hay cuatro centrales por hacerse, la ingeniería está hecha. Ese es un campo y el otro, el uso de gas licuado, porque ya se hizo la inversión de 300 millones de dólares para hacer desde Quintero un puerto donde se recibe gas licuado, entonces se transforma pero eso es caro. Es más barato traerlo de Bolivia. Chile tiene opciones, pero hay que diversificar. Usar energía solar, eólica, pero son experiencias caras. Y, a lo mejor se deba hacer, pero es increíble tener que hacer eso, cuando tenemos a Bolivia al lado. Y el agua, Bolivia tiene grandes volúmenes de agua. Entonces, nos conviene conversar con Bolivia. Ponernos de acuerdo.

En un artículo del 5 de octubre del año pasado del Diario electrónico El Mostrador, escrito por usted en relación a la Distribución del Ingreso, afirma que Chile ha sido un alumno bien globalizado, pero que la distribución del ingreso ha sido el invitado de piedra. ¿Cuál es la relación entre globalización e igualdad distributiva?
Cuando hablo del invitado de piedra, me refiero a que durante los gobiernos de la Concertación, si bien Chile ha progresado, la distribución prácticamente no ha varía. La distribución del ingreso es básicamente el índice con que se mide con cuanto se queda el 10% de los hogares más ricos, respecto al 10% más pobre. La relación continua siendo de 1 a 14. Sin embargo, lo que si ha cambiado es que ha habido una política social que se ha multiplicado, respecto al régimen militar, entonces eso compensa un poco este desequilibrio, porque ha habido más subsidios y más inversiones en salud, educación, mitigando la mala distribución del ingreso.
Ahora, en cuanto a globalización y distribución del ingreso, es un tema complicado, porque si usted dejara que las fuerzas del mercado se desarrollaran todas solas, sin restricción alguna, creo que la globalización empeora la distribución del ingreso. Por lo menos, si miramos a Estados Unidos podemos llegar a la conclusión que ha tenido mucho éxito en su hegemonía en la globalización, pero con un costo alto que es un empeoramiento de la distribución del ingreso.


La globalización suscita desigualdades dentro de los países y entre ellos, dependiendo de las medidas políticas, económicas y sociales que se adopten. ¿Cuáles son las fuerzas que, a su juicio, inciden en la tendencia a la desigualdad de ingresos en un país en vías de desarrollo, como Chile?
Depende de las políticas distributivas que se adopten, depende de los impuestos y como se distribuyen los impuestos en la gente; depende del gasto y del presupuesto del gobierno, por tanto, no es fatal que eso sea así. Ahora, para mejorar la distribución del ingreso en Chile hay factores que no son tan económicos. Uno es la distribución funcional del ingreso, es decir, la distribución que se da en las empresas; y, eso depende del balance de fuerzas que hay entre la organización de los trabajadores, para poder negociar “buenos pliegos” y que las empresas puedan crecer y distribuir parte de ese crecimiento. Yo creo que allí hay un elemento en que Chile debe hacerse cargo y reformarlo. Ya hay cambios con las reformas laborales, pero es necesario mayor esfuerzo en esa distribución de la torta en las empresas. Eso tiene una incidencia importante en la distribución del ingreso.

¿Los salarios no han aumentado?
Si, lo han hecho. Durante la época de oro del la Concertación, antes de la crisis asiática, el desarrollo real creció 4% en promedio anual; la productividad también creció bastante, pero el desempleo es un factor que atenta contra la distribución del ingreso en el corto plazo. Los grandes cambios deben ser por el lado de la educación, por eso es tan importante la calidad de la educación y esta lucha de los estudiantes; sin embargo, los resultados se verán en una generación más, cuando los cambios se produzcan y egrese gente calificada. Si usted tiene mano de obra más calificada, su salario es mejor, obviamente; y viceversa. Entonces, cuando tenemos un país con la mayoría de la mano de obra poco calificada, tenemos una mochila pesada que no permite que se mejore el ingreso.


¿Qué cree que ha pasado con la Concertación y sus promesas de equidad? ¿Falta voluntad, apoyo o sobra populismo y soberbia?
No, yo creo que la Concertación tenía un desafío vivencial , al llegar la democracia, más importante que la distribución del ingreso, que es el tema de la pobreza. Cuando asumió Aylwin, había un 40% de población pobre, según conceptos de organismos internacionales. Lo que hizo la Concertación, por la vía de un crecimiento fuerte, del empleo y políticas sociales, es lograr que la pobreza disminuyera a un 18% actual. Entonces, ese fue su primer desafío, atacar la pobreza que heredamos del régimen militar. Pero, al combatir la pobreza no significa mejorar la distribución. Durante la última campaña presidencial de 2006, incluso la derecha hablaba de la mala distribución del ingreso y ellos ven la solución por el chorreo, pero no es así.

Durante los gobiernos de la Concertación hemos disminuido la pobreza en más de la mitad y, sin embargo, Chile está ubicado entre los 15 primeros países, entre 130, con la peor desigualdad de ingresos a nivel mundial. ¿Cree que el sistema económico chileno haya “acentuado la brecha entre ricos y pobres, pero los pobres viven mejor”, en palabras de Margaret Thatcher?
Estamos mal, si; a la altura de los países africanos. Argentina y Uruguay tienen mejor distribución que nosotros. Brasil y México tienen mala distribución, pero creo que estamos mejor que Brasil, un poco mejor. Y, sin embargo, los países asiáticos, que son también economías emergentes, tienen buena distribución del ingreso.
En Chile, los pobres viven mejor. Por ello, se actualizó la encuesta CAS, porque el estándar o nivel medio de vida ha subido y ese el aporte de la Concertación. Por ejemplo, una persona que gana 1 millón de pesos y sube un 10%, aumenta en 100 mil pesos; sin embargo, una persona que gana 100 mil pesos, aumenta sólo 10 mil. Todos suben pero uno sube diez veces más que el otro. La brecha sigue. Esto crea una situación muy peligrosa que los economistas llamamos falta de cohesión social, la gente puede estar mejor porque la economía ha crecido, pero las personas se hacen expectativas. No entienden por qué a uno le aumenta el sueldo en 100 mil pesos y a otro sólo 10 mil. Entonces, creen que sólo le mejora a uno este crecimiento.


Uno de los argumentos para firmar Tratados de Librecomercio (TLC) con la Unión Europea, con países orientales y especialmente con Estados Unidos era que mejoraría la situación económica del país en general, habría más y mejores trabajos, y que, de este modo, habría menos cesantía, menos pobres y la clase media se aliviaría, tendiendo a una menor brecha entre sectores sociales. ¿Cuán cierto es esto?
Yo no creo que sea tan así. Nuestra canasta exportadora actual está muy concentrada en recursos naturales. Cobre, molibdeno, celulosa, frutas, llegamos a 2/ 3 de las exportaciones que son sólo recursos naturales. Entonces, esa canasta está inserta en el mercado mundial y los TLC permiten que estos entren con arancel cero. El primer beneficiado son esas empresas y productos; hay mucha concentración de empresas exportadoras y, por ende, los ingresos se concentran también. Si queremos desarrollar hacia abajo, tenemos que hacer muchas cosas y ese es el real desafío. Los tratados de Librecomercio abren oportunidades para que Chile pueda diversificar su canasta exportadora y con ello, arrastrar mayor empleo. Es una oportunidad.

¿Estamos aprovechando esa oportunidad?
Esa es la pregunta del millón de dólares. Lo cierto es que hay un fuerte debate. Por cierto, se están haciendo cosas por aprovecharla como la creación de infraestructura de puertos, pero tengo la impresión de que las pymes no se benefician directamente; sólo se beneficia mediante arrastre o lo que se llama cadenas productivas. Por ejemplo, cuando hicimos el TLC con Estados Unidos, se nos acercó un empresario de California, un distribuidor, para importar escobas chilenas. Nosotros los pusimos en contacto con productores de escobas en Chile; el norteamericano dijo que necesitaba un millón de escobas anuales repartidas en 80 mil unidades y, en la empresa chilena, sólo producían 10 mil escobas al año. Entonces, son mercados tan grandes que las pymes no pueden entrar, salvo en nichos muy especiales. Las ganancias de los TLC se derraman.

¿A qué se refiere?
En la industria salmonera hay una cadena de producción que requiere una serie de subproductos, en pequeña o mediana cantidad, para su elaboración. El alimento para los peces, las redes, el transporte, el cuidado biológico todo se hace aquí en Chile. El salmón ha arrastrado un montón de actividades. Ahí las pymes podrían tener un rol y recibir el derrame. Pero que una pyme exporte a Estados Unidos, lo veo muy difícil.

¿Considera a la globalización como una amenaza o una oportunidad para el país?
Yo no soy antiglobalización, punto uno. Creo que estamos viviendo una época donde es un proceso irreversible. Una caída de fronteras en todas partes, a nivel de comercio, movimiento de capitales, se han diluido las fronteras de migración, etcétera. Con un computador uno mueve sumas enormes de un país a otro. Es una oportunidad en la medida que usted le de gobernabilidad a la globalización. Tal cual es un Frankenstein, que nos puede llevar a un colapso; pero con gobernabilidad, dada por un conjunto de países. ¿Cómo nos ponemos de acuerdo para contener a este Frankenstein que ha ido creciendo y se ha desarrollado a fin de que se canalice y no produzca los destrozos que le conocemos?
* Realizada el 8 de junio de 2006
Alexis Guardia Basso:
Ingeniero Comercial, Universidad de Chile, con un Doctorado en Ciencias Económicas, Universidad de Paris, actual Director de Estudios en Dirección Económica de la Cancillería, fue Representante ante la OCDE en la Embajada de Chile en Francia, Director del Instituto de Estadísticas de Chile, Miembro de la Comisión Resolutiva de la Fiscalía Nacional y Director de la Empresa de Transportes de Pasajeros, METRO S.A. Ha sido profesor Invitado en la Universidad de Paris III, profesor Economía Internacional en el programa de MBA de la Universidad Diego Portales, de Macroeconomía en la Universidad Central y de Economía Monetaria en la Universidad de Chile, entre otras. Durante su trayectoria ha escrito varios libros y artículos sobre las materias de su especialidad.

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