19 de agosto de 2006

Así despegó EE.UU...

Con un panorama económico internacional catastrófico una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, los países participantes intentaron a toda costa retomar la bonanza monetaria que caracterizó a Europa hacia principios del siglo XIX, especialmente rememorando el boom de la Belle Époque hasta la caída de la Bolsa de New York en 1929. Sin embargo, la prosperidad anhelada no sería ni tan fructífera ni tan alegre como antaño; la banca estadounidense de Wall Street ya no estaba en pie ni para negocios basados en la especulación y, menos aún, para inversiones inciertas.

La economía estadounidense buscaba, sin lugar a dudas, una forma segura y comprometida para empujar su alicaída realidad monetaria, en base a su nueva posición de poder como ganador absoluto de la Gran Guerra finalizada en 1945; por tanto, no sólo vio oportunidades, sino que las aprovechó, al ver una Europa desesperada y destruida hasta más no poder. Era su oportunidad para ordenar el mundo a su antojo; el dinero así lo permite.


"EE.UU no sólo vio oportunidades, sino que las aprovechó"

Los poderosas Inglaterra, Francia y Alemania – dantescas potencias de siglos precedentes- eran hoy sólo escombros, muerte, enfermedad y población errante; con destino incierto, pero sobretodo, pobres y destruidas, ya que, a diferencia del victorioso país del nuevo mundo, Europa debió encarar una cruenta guerra en su mismo suelo, con población y recursos propios.
Hacia 1945, el Viejo Continente, la Cuna de la Civilización de Occidente y los hogares de Platón, Aristóteles, Julio César y Napoleón, no eran más que polvo de estrellas entre la desolación y el horror de los campos de exterminio nazi. Además, debían ocuparse de enjuiciar a quienes eran responsables de una de las masacres más sangrientas, rápidas y vastas de la historia contemporánea mundial.

Estados Unidos supuso -correctamente, por cierto- que ningún país europeo podría hacerse cargo de este mundo abandonado; las antiguas naciones comenzarían una fase de ensimismamiento, a fin de reordenar sus siniestrados países, por tanto, no retomarían su participación internacional hasta haber conformado y bien cimentado sus relaciones en el territorio. ¿Quién mejor que él para dictar las nuevas reglas del mundo? El siglo XX inaugura una nueva hegemonía, diferente a la europea de los siglos anteriores; los norteamericanos se disputarán con los rusos la corona durante cerca de medio siglo, en una época denominada la Guerra Fría.

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