por Cyntia Páez Otey
La
Cumbre entre la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y la
Unión Europea (UE) celebrada en Santiago, ha marcado la culminación de un
proceso integrativo a nivel regional que nos permite dialogar con una Europa-
si bien en crisis- llana a escuchar los planteamientos latinoamericanos de
manera directa como nunca antes en nuestra historia.
Más
allá de aquello, dos temas (uno interno y otro externo) emergieron inadecuadamente
en este foro, demostrando nuestra juventud, inexperiencia e ingenuidad para
enfrentar este tipo de desafíos, eclipsando avances diplomáticos alcanzados en
temas relevantes como educación, economía, ciencia y tecnología, que bien
merecían cobertura mediática, análisis de expertos y debates a alto nivel para
informar adecuadamente a la población.
Sin
embargo, el ruido generado por altos personeros de la Democracia Cristiana,
Unión Demócrata Independiente e, incluso, el mismo partido del presidente de la
República, Renovación Nacional, frente a la visita de Raúl Castro a
nuestro país tuvo aires de “encerrona”. Si bien las críticas hacia el
régimen cubano por parte de los partidos, institutos y think tanks conservadores
no son nuevas ni inesperadas, convendría que –si Chile desea continuar
ejerciendo roles de anfitrión a nivel internacional- exista un plan de acción
que consensúe vías formales de reclamos que no involucren deslegitimar a
nuestras propias autoridades. No es conveniente ser mal anfitrión cuando
hablamos de relaciones internacionales. Los ojos del mundo están sobre
nosotros.
En
segundo lugar, la petición boliviana. América Latina cuenta con una serie
innumerable de foros, reuniones, comisiones, grupos de estudio y análisis sobre
nuestros problemas vecinales. Sin ir más allá, nuestra alicaída Organización de
Estados Americanos (OEA) ha expresado con firmeza que se trata de un tema
bilateral: ¿Por qué Bolivia insiste en multilateralizarlo y, por lo demás, en
foros inadecuados? ¿Será La Haya otra vez nuestro destino?.
Chile debe resolver sus temas, pendientes o no, a
través de los canales formales y no a través de los medios de
comunicación. Estas cumbres son oportunidades para que Chile avance. No
las perdamos.

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